El plan de salud de Trump contra el coronavirus es limitado y confuso

Los críticos dicen que el programa provisional es una de las pruebas más sólidas de que Trump y su partido no tienen una visión para mejorar la cobertura de salud

El plan de salud de Trump contra el coronavirus es limitado y confuso
La cobertura de salud durante la pandemia ha sido un dolor de cabeza para hospitales, pacientes y el propio gobierno.
Foto: MARK FELIX / Getty Images

El programa de salud que el presidente Trump anunció en primavera, cuando la pandemia del coronavirus iniciaba y millones de personas se quedaban sin seguro médico, no ha brindado los resultados esperados. Sien embargo, el gobierno ha redoblado esfuerzos para eliminar la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio u “Obamacare”, que amplió la cobertura para más de 20 millones de personas.

“Esto debería aliviar cualquier preocupación que los estadounidenses sin seguro puedan tener acerca de buscar el tratamiento para el coronavirus”, dijo Trump en abril sobre el programa, que se supone cubriría las pruebas y el tratamiento por COVID-19 para las personas sin seguro, utilizando fondos del paquete federal de ayuda para el coronavirus aprobado por el Congreso.

El programa ha tenido poca atención desde entonces, pero una revisión de The New York Times de los pagos realizados a través de él, así como entrevistas con ejecutivos de hospitales, pacientes e investigadores de políticas de salud que han examinado los pagos, sugieren que el plan elaborado “al vapor” no ha estado a la altura de sus promesas.

Ha causado confusión en los hospitales participantes, que en algunos casos han cobrado por error los gastos a pacientes que deberían estar cubiertos por el plan, como Marilyn Cortez, una trabajadora jubilada de una cafetería en Houston que pasó gran parte de julio en el hospital con COVID-19. Cuando finalmente regresó a casa, recibió una factura de $36,000 dólares que agravó el estrés de su enfermedad.

Luego, alguien del hospital, Houston Methodist, la llamó y le dijo que no se preocupara: elpresidente Donald Trump lo había pagado. Pero luego recibió otra factura, por el doble del monto.

Pocos pacientes parecen saber que existe el programa, por lo que no cuestionan los cargos. Y algunos hospitales y otros proveedores médicos han optado por no participar en el programa, lo que les impide solicitar pagos a los pacientes que envían las facturas al plan.

También han quedado descalificados un gran número de pacientes, debido a que el COVID-19 debe ser el diagnóstico principal para cubrir el caso (a menos que la paciente esté embarazada).

Dado que los pacientes hospitalizados por coronavirus a menudo tienen otras afecciones médicas graves, muchos tienen otros diagnósticos primarios.

En Jackson Health en Miami, por ejemplo, sólo el 60 por ciento de los pacientes de COVID-19 sin seguro habían cumplido de manera decisiva con los requisitos para que sus cargos estuvieran cubiertos por el programa a finales de julio, dijo una portavoz.

Los críticos dicen que el programa provisional es una de las pruebas más sólidas de que Trump y su partido no tienen una visión para mejorar la cobertura de salud y, en cambio, promueven soluciones parciales, incluso en una crisis de salud nacional.

Trump había prometido un plan para reemplazar la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio a principios de agosto, pero no se ha anunciado ninguno y él y otros republicanos apenas mencionaron la política de salud en su convención nacional la semana pasada.

Por ahora, mientras se reportan decenas de miles de nuevos casos de coronavirus cada día en Estados Unidos, y mientras los demócratas enmarcan con entusiasmo las elecciones como un referéndum sobre el manejo de la pandemia por parte de Trump y sus esfuerzos por eliminar la ley de salud en la Corte Suprema, el programa COVID-19 para personas sin seguro es su mejor oferta.

“Esta no es la forma en que se trata a las personas sin seguro médico durante una emergencia de salud pública”, dijo Sara Rosenbaum, profesora de leyes y políticas de salud en la Universidad George Washington.

El programa claramente ha pagado lo que, en muchos casos, serían facturas asombrosas e inasequibles para miles de pacientes con COVID-19 .

Además de la atención hospitalaria, cubre visitas ambulatorias, transporte en ambulancia, equipo médico, atención en un hogar de ancianos especializado e incluso futuras vacunas de COVID-19 para los que no tienen seguro, “sujeto a los fondos disponibles”. No cubre las recetas una vez que los pacientes abandonan el hospital ni el tratamiento de afecciones crónicas subyacentes que hacen que muchos sean más vulnerables al virus.

A los proveedores de atención médica en los 50 estados se les habían reembolsado un total de $851 millones de dólares del fondo hasta la semana pasada, $267 millones para pruebas y $584 millones para tratamiento, y los hospitales de Texas y Nueva Jersey recibieron la mayor cantidad.

Pero la Kaiser Family Foundation, una organización de investigación no partidista, ha estimado que los costos hospitalarios sólo para los pacientes con coronavirus no asegurados podrían alcanzar entre $13.9 y 41.8 billones de dólares, mucho más de lo que el programa ha pagado hasta ahora.

“Las reclamaciones han sido mucho más pequeñas de lo que cualquiera hubiera esperado”, dijo Molly Smith, vicepresidenta de cobertura y foro de asuntos estatales de la Asociación Estadounidense de Hospitales.

“Algo de lo que hemos escuchado bastante son sólo retrasos y retrasos graves. Pero probablemente muchos reclamos no ingresan al sistema porque nuestros miembros han determinado que no califican”.

La asociación de hospitales dice que algunos hospitales han informado que no han presentado una cantidad sustancial de reclamos para sus no asegurados, con estimaciones que van del 40 al 70 por ciento, porque COVID-19 no fue catalogado como su diagnóstico primario.

“O los códigos de los hospitales son incompatibles con las reglas de la ICD-10”, dijo Tom Nickels, vicepresidente ejecutivo de la asociación de hospitales, refiriéndose a los códigos de diagnóstico que utilizan los hospitales para la facturación, “o no se les paga a pesar de que el paciente está claramente recibiendo tratamiento por Covid”.

Harris Health, un sistema público de dos hospitales en Houston, no facturó al fondo federal el 80 por ciento de los aproximadamente mil 300 pacientes con COVID-19 sin seguro que había tratado hasta mediados de julio porque muchos de ellos también tenían otros problemas médicos, la mayoría de las veces, sepsis, una reacción abrumadora a la infección que causa pérdida de presión arterial e insuficiencia orgánica. En otros casos, “una condición de salud subyacente fue la razón principal de la hospitalización, pero fue exacerbada por la enfermedad Covid-19”, dijo Bryan McLeod, un portavoz.

A nivel nacional, el cargo promedio total para los pacientes de coronavirus no asegurados que requieren una estadía en el hospital es de $73 mil dólares, según FAIR Health, una base de datos de costos de atención médica, aunque es posible que puedan negociar una cantidad menor.

Los reembolsos han variado ampliamente con pocas explicaciones obvias; los proveedores de Nueva Jersey, por ejemplo, han recibido $72 millones de dólares en reclamaciones de tratamiento de CCOVID-19, mientras que los de Nueva York han recibido la mitad. Los proveedores de los estados de Texas y Florida, los más afectados, que no han ampliado Medicaid para cubrir a más adultos pobres, han recibido $144 y $53 millones de dólares para tratamiento, respectivamente.

“Simplemente no tengo claro lo que está pasando”, dijo Jennifer Tolbert, directora de reforma de salud estatal de la Kaiser Family Foundation, quien ha examinado de cerca el programa y su base de datos de reclamaciones.

Por ahora, la confusión continúa. Luis Fernández, un trabajador de la industria petrolera en Houston que fue despedido en enero, llevaba años sin seguro cuando se enfermó de COVID-19 el mes pasado. Pasó 16 días en el Memorial Hermann Southwest Hospital y recibió facturas por un total de $85 mil dólares.

“Llamé a la señora de ayuda financiera, le dije que estaba desempleado y ella dijo: ‘¿Qué vas a hacer?'”, dijo Fernández, de 33 años. “Ella quería que volviera a trabajar, mañana, para poder empezar a pagarles”.