Mal servicio, el villano de un país

El buen servicio es una ventaja competitiva. Cada uno de nosotros tenemos la capacidad de hacer la diferencia

Mal servicio, el villano de un país
El mal servicio es un lastre para el desarrollo profesional.
Foto: Shutterstock

En días recientes llamé a una oficina médica para solicitar la repetición de un medicamento de un familiar y la recepcionista muy amablemente me indicó que debía llamar el próximo día, pues el doctor sólo atendía 25 personas por día. Cuando le pregunté si podía ponerme en turno para el próximo día, me indicó que no era posible, pues ella trabajaba en las tardes y la recepcionista de la mañana era distinta. Más importante aún, me exhortó a que llamara temprano para asegurar que entraría en uno de los 25 turnos.

Durante la llamada sólo me preguntaba cómo hemos llegado a donde estamos. ¿La falta de compromiso a brindar servicio de calidad tendrá que ver con nuestro gobierno, los líderes en la empresa privada o ambos? ¿Será que con la edad se me hace más latente que muchos prefieren brindar el mínimo requerido de servicio, les da temor hacer sentir bien a sus clientes internos y externos, o será que no entienden que el éxito de su organización redunda en su bienestar?

Desafortunadamente, estuve obligada a escribirle un mensaje al doctor y explicarle lo sucedido. Él nunca me contestó. Sin embargo, sí recibí una llamada de la misma recepcionista amable minutos después de haber enviado el mensaje, pero esta vez poseída por mala actitud, comportamiento irreverente y grosero. Qué pena que ella no pensó en cómo su conducta desagradable solo tenía repercusiones en sus
oportunidades de éxito.

Es inminente como país que los líderes reconozcan su capacidad de propulsar la agilidad, la efectividad y el servicio. No podemos continuar siendo víctimas del efecto endémico de laxitud, de “cut corners”, y de hacer el mínimo requerido para lograr “alguito”. Los líderes de un país contagian con su ética de trabajo a las organizaciones que lideran. Lo propio ocurre en el sector privado. Hoy un colega en un “post” de Facebook preguntó qué funciona en el país. Las respuestas de sus amigos, tristes por demás, se podían resumir en: nada, casi nada, cero. Muy triste.

Necesitamos cambios sistemáticos y erradicar este pensamiento errado de que el servicio no es fundamental. El servicio es lo que nos distingue, lo que nos brinda ventaja competitiva, aquello que propulsa que seamos exitosos. Y sí, sería fabuloso que nuestros líderes gubernamentales y privados estuviesen más orientados a servicio, sin embargo, no necesitamos de ellos para brindar servicio de excelencia. Cada uno de nosotros tenemos la capacidad de hacer la diferencia en nuestro lugar de trabajo y nuestra comunidad. Sólo necesitamos brindar lo mejor de nosotros, sólo requiere reconocer que no importa mi trabajo, mi posición o el sector donde trabajo, nuestro éxito como individuo, organización y país dependerá del servicio que le brindo a mis clientes externos y mis compañeros de trabajo.

Permitamos que sólo se nos peguen las conductas positivas. Evitemos contagiarnos con la actitud negativa de algunos líderes en el país y en ocasiones, en nuestras organizaciones. Después de todo, servir es un privilegio. Un privilegio que cuando lo ponemos en práctica impacta positivamente nuestro estado de ánimo, salud y oportunidades. Emulemos lo mejor de los demás y solo así podremos tener un impacto significativo en nuestras vidas, nuestro lugar de empleo y nuestro país.