El efecto infame de impuntualidad: los 5 males de la gente que siempre está tarde

Constantemente participo de llamadas o reuniones dónde la otra parte se conecta o aparece tarde pidiendo perdón y dando excusas por su tardanza. Te pregunto: ¿Eres tú esta persona?

El efecto infame de impuntualidad: los 5 males de la gente que siempre está tarde
No ser puntual es decirle al otro: "Mi tiempo vale más que el tuyo".
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¿Cuántas veces estuviste temprano o tarde en tus reuniones programadas?

Confieso que desde joven he sido una promotora de la puntualidad, sin embargo, la data valida una y otra vez que la puntualidad está en peligro de extinción y que incluso la tardanza se está convirtiendo rápidamente en la norma de existencia.

Para todos los que han descuidado el manejo del tiempo permitiendo que la impuntualidad se haya convertido en hábito, es hora de parar. ¿Sabes por qué? La impuntualidad habla mal de una persona y nos impacta negativamente. Te cuento las razones:

1. Es “Descortesía 101”

Hace unos días, un colega fue citado a una reunión. Luego de esperar 45 minutos, determinó abandonar la espera. Horas más tarde, se percató que comenzaron la reunión 90 minutos más tarde de la hora citada. Llegar tarde siempre comunica una declaración no verbal profundamente descortés: “Mi tiempo es más valioso que tu tiempo”. Incluso por eso vemos empleados desmoralizados por jefes que siempre están tarde. Es un mensaje terrible para enviar bajo cualquier circunstancia.

2. Perdemos nuestro mejor momento

A menos que seamos necios o narcisistas, la impuntualidad en una reunión nos debe causar inseguridad y malestar. ¿La gente está resentida? ¿Te perdiste algo importante? ¿Qué debiste hacer para estar a tiempo? Estas preocupaciones que rebotarán en nuestra cabeza harán que sea más difícil para enfocarse en el asunto en cuestión. Estarás distraído y desenfocado.

3. Harás a otros perder el tiempo

Y claro, si somos los jefes, puede que esto no parezca un gran problema, pero sí lo es. Las personas que supervisamos dependen de nosotros para sus trabajos y nosotros dependemos de ellos para el desempeño exitoso de nuestro departamento u organización. Tenerlos esperando crea ineficiencia y disminuye la productividad exponencialmente. Si son nuestros colegas, mucho ojo, pues serán personas que no querrán trabajar con nosotros, pues nuestra impuntualidad demuestra falta de respeto.

4. Empeorarás la cultura de nuestro lugar de trabajo

Si quieres una cultura en la que las personas sean responsables con los clientes, compañeros de trabajo, con ellos mismos, la tardanza crónica necesita ser erradicada. La ineficiencia causada por la impuntualidad crecerá como un cáncer y será una cuestión de tiempo para que permee hacia el servicio otorgado a los clientes. Estar a tiempo puede parecer una trivialidad, sin embargo, es un esencial que mide rendimiento.

5. El compromiso de estar a tiempo nos obliga a programar adecuadamente

La sobre programación, la falta de comunicación, la incapacidad de priorizar y las distracciones son los causantes principales de la tardanza crónica. Si prestamos atención, no toma mucho tiempo ver cómo el exceso de reprogramación tiende a forzarnos a la tardanza e incluso justificarlo y verlo con buenos ojos.

Siempre recuerdo con poco respeto a dos colegas particulares – una socia y una jefa – que necesitaban citar 45 minutos antes para asegurar que llegaran a tiempo. La puntualidad nos asegura respeto, confianza y que no se desperdicie nuestro tiempo y el de los demás. Y si tenemos una emergencia y necesitamos estar tarde, por razones extraordinarias (no rutinarias), comuniquémoslo de antemano, no cuando ya nos están esperando.