Más de 4 millones de personas en Estados Unidos no buscan trabajo por miedo a enfermarse de coronavirus

Si el miedo al virus mantiene a las personas fuera de la fuerza laboral, podría aumentar la presión inflacionaria, ya que los empleadores podrían aumentar los incentivos para atraer fuerza laboral y el costo lo pagarían los consumidores

Miedo. Mucha gente aún teme salir de casa a trabajar.
Miedo. Mucha gente aún teme salir de casa a trabajar.
Foto: KENA BETANCUR / Getty Images

Poco más de un año después de que la pandemia entrara de lleno en la conversación de los estadounidenses, hay 8.4 millones de personas que no han recuperado el trabajo que tenían antes de la llegada del COVID-19. Las razones son muchas, pero una de las más importantes y a la que menos se le ha prestado atención es el miedo.

Una encuesta de la Oficina del Censo de Estados Unidos, realizada en la segunda quincena de marzo, encontró que alrededor de 4.2 millones de adultos no trabajando por el temor a contraer o propagar el coronavirus.

Este número ayuda a explicar por qué algunas industrias, como la de los restaurantes, dicen que la mano de obra es escasa, a pesar de que la tasa de desempleo es del 6%. Las cifras sugieren que incluso con un generoso estímulo fiscal y monetario, el mercado laboral de Estados Unidos podría no recuperarse por completo hasta que el virus sea controlado por completo.

Si el miedo al virus mantiene a las personas fuera de la fuerza laboral, podría aumentar la presión inflacionaria, ya que los empleadores que buscan satisfacer la demanda impulsada por los estímulos se verán obligados a aumentar los salarios para contratar suficientes trabajadores o mantener a los que tienen, por lo que transferirán ese costo a sus clientes. Sin embargo, muchos economistas asumen que una campaña de vacunación masiva podría hacer que un gran número de personas recuperen la confianza y se reincorporen a la fuerza laboral, lo que permitiría que la economía se recuperara sin la inflación causada por los cuellos de botella de la oferta.

El esfuerzo por domar el virus está en marcha. Más de una tercera parte de los estadounidenses han recibido al menos una dosis de la vacuna contra el COVID-19 y el presidente Biden ha pedido a los estados que todos los adultos elegibles estén vacunados antes del 19 de abril.

Con todo y el esfuerzo del gobierno, alrededor del 15.5% de los adultos estadounidenses dicen que definitivamente o probablemente no se vacunarán, según la encuesta del censo. A principios de enero el porcentaje se acercaba al 21%.

La tasa de desempleo ha bajado abruptamente desde su máximo del 14.8% en abril de 2020. Los economistas dicen que la cifra actual del 6% exagera un poco la recuperación del mercado laboral, porque muchas personas sin trabajo no buscan uno actualmente y eso modifica las cifras. La tasa de participación en la fuerza laboral, la proporción de adultos que trabajan o buscan trabajo, ha caído al 61.5% desde el 63.3% antes de la pandemia, lo que representa una disminución de casi 3.9 millones de personas.

La participación en la fuerza laboral generalmente cae durante las recesiones, ya que algunas personas abandonan la búsqueda de empleo. Pero esos trabajadores representaron solo el 3% de la disminución del año pasado, según datos del Departamento de Trabajo. Por eso el miedo al coronavirus podría explicar gran parte del resto.

¿Se puede medir el miedo?

Durante los brotes más recientes, el miedo pareció ser uno de los principales impulsores del comportamiento del consumidor, según un análisis de datos realizado por Austan Goolsbee, un ex economista de la administración Obama. La magnitud del efecto sobre el comportamiento del consumidor “hace plausible que el efecto del miedo en la oferta de trabajo sea igualmente importante para comprender lo que ha sucedido”, dijo.

El efecto del miedo en el mercado laboral no está claro porque no es algo que el gobierno rastree. La encuesta de empleo mensual del Departamento de Trabajo realizada en marzo encontró que la pandemia había impedido que 3.7 millones de personas buscaran trabajo en las cuatro semanas anteriores, pero no especificó el motivo. Por ejemplo, no se pudo determinar cómo influyó el miedo al virus y no estaba claro el papel que podrían haber desempeñado programas de apoyo del gobierno más generosos.

Los resultados de la encuesta del Departamento de Trabajo y los 4.2 millones de personas citados por la encuesta del Censo no son directamente comparables debido a las diferencias en las preguntas formuladas, pero ambos sugieren que la cautela sobre la detección de COVID-19 explica una parte sustancial de la disminución de la fuerza laboral.

El miedo es parte de toda recesión. Una de las ideas fundamentales de John Maynard Keynes fue que los cambios en la actividad económica tienen una base fundamentalmente emocional, dijo George Loewenstein, profesor de economía y psicología en la Universidad Carnegie Mellon. Los economistas pueden estimar los efectos económicos de los cambios en los ingresos o la riqueza, pero no del miedo.

Otras veces, el miedo está estrechamente relacionado con el riesgo real. Un estudio de Franklin Templeton-Gallup Economics of Recovery en octubre concluyó que las mujeres afroamericanas estaban dos veces más preocupadas que las mujeres blancas por el empeoramiento de la pandemia y la posibilidad de morir de Covid-19. Ese hallazgo se basó en que los trabajadores afroamericanos y latinos tienen más probabilidades que los blancos de estar en empleos donde el trabajo en casa no es factible, según el Departamento de Trabajo.

Las afroamericanas y latinas mueren a causa de COVID-19 en aproximadamente el doble de la tasa de los blancos y son hospitalizadas a una tasa aproximadamente tres veces mayor, según cálculos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Los no blancos tienen más probabilidades de vivir en hogares multigeneracionales y con personas cuya salud o edad los deja particularmente vulnerables, según los análisis del Pew Research Center y el Center for Public Integrity, dos organizaciones no partidistas que investigan temas de políticas públicas.

Las personas vacunadas deberían aumentar la demanda de todas las cosas que no hicieron durante el año pasado, al tiempo que permitirían que muchos regresaran a la fuerza laboral, dijo Goolsbee “Eso significa que la recuperación podría ser rápida pero sin el cuello de botella inflacionario normal de un ciclo económico tradicional”.