¿Qué pasa con la cuenta bancaria de una persona que falleció?

Hay diferentes maneras de resolverlo pero depende mucho del banco en el que se tenga la cuenta.

Las cuentas bancarias de las personas que mueren pueden tener varias opciones para distribuir el dinero que tienen.
Las cuentas bancarias de las personas que mueren pueden tener varias opciones para distribuir el dinero que tienen.
Foto: Pexels

Morir es, sin duda, la situación más dolorosa a la que se puede enfrentar un ser humano. Las pérdidas dejan tristeza, pero si lo vemos de una manera fría, también pueden dejar muchos problemas, sobre todo si la persona que falleció no dejó en orden ciertos trámites.

Uno de estos abismos se encuentra en el estado de las cuentas bancarias de los finados. Esto obviamente no les va a afectar a ellos, pero sí a sus familiares y seres cercanos, quienes tendrán que lidiar con la manera en que hayan dejado configurados sus saldos en las instituciones financieras.

Lo que sucede cuando la persona que es titular único fallece, depende mucho del banco en el que se tenga la cuenta, muchas instituciones financieras en Estados Unidos permiten que sus clientes nombren a un beneficiario o establezcan la cuenta como Pagable al Fallecimiento (POD, por sus siglas en inglés) o Transferible al Fallecimiento (TOD, en inglés) a otra persona.

Si este es el caso, el banco le dará el dinero que el titular fallecido tenga a la persona que haya recibido este nombramiento, lo que se tiene que hacer es dar aviso de la muerte para que se soliciten los documentos que liberen el efectivo.

Una vez que se sacan todos los recursos, el banco dará de baja la cuenta. Digamos que ésta sería la manera más fácil de salir del paso.

Ahora la forma en la que las cosas se complicarán es cuando no existe ningún nombramiento en la cuenta bancaria. En esta situación, entra en función un albacea, quien será el encargado de administrar el patrimonio de la persona que murió.

Esta figura también será la responsable de pagar las deudas que el finado haya dejado pendientes y de dividir el testamento, en caso de que éste exista.

Si no hay beneficiario ni testamento, entonces las cosas pueden ser un verdadero dolor de cabeza. Incluso, en dado caso de que tampoco se haya nombrado a un albacea, el estado lo determinará de acuerdo a la ley.

Si de lo que hablamos es de cuentas conjuntas, el panorama cambia, ya que generalmente existen mecanismos de protección automática. Es decir, si una de las personas que conforman esta sociedad, mueren, los derechos pasan de manera mecánica a la o las otras personas que conformen el grupo.

En lo que sí puede afectar es en cuanto a la constitución del seguro que está protegiendo a la cuenta.

Generalmente, y no es el caso de todas las compañías de seguros, algunas instituciones seguirán asegurando la cuenta durante los próximos seis meses después de la muerte de uno de los titulares, sin embargo, luego de este tiempo, la cobertura se termina. Y la suma se divide según las partes en las que se encuentre formada la cuenta.

“Siempre tenga un testamento redactado por un abogado de sucesiones y establezca designaciones de beneficiarios o TOD, pero la forma más fácil de manejar las cuentas bancarias es simplemente tener un firmante autorizado en la cuenta para que no tengan que esperar”, explicó el contador Eric Nisall en una entrevista con el sitio Fidelity.

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